viernes, 29 de julio de 2016

Zelda

 Zelda
Bon dia!
Fa molt de temps què no faig una entrada, però aquesta ho necessitava de veritat. Més endavant us explicaré més coses, tinc moltes entrades al cap. Ara mateix tenia pendent d'explicar-vos el meu part, el part de Zelda, la meva tercera filla què va ser el 2 de juliol i va ser, per fi, el part sommiat.
Després d'una cesària per inducció fallida per preeclampsia i un part hospitalari gens respectat (amb Kristeller, episiotomia, ventosa, separació de la meva filla, etc.) tenia clar, quan em vaig quedar embarassada, què volia alguna cosa diferent. Em feia por pensar en parir a casa, però també tenia por de tornar a passar pel mateix. Gràcies a la informació què vaig anar rebent del grup de Donallum a Facebook vaig triar una ginecòloga, la Carme Guasch, què és del més respectuós què hi ha (tot i que no és perfecte) i una llevadora (la Imma Sàrries) per fer la dilatació a casa. Com he dit, pensava que no seria prou forta ni valenta per parir a casa i aguantar el dolor.

Durant tot l'embaràs em vaig anar sentint cada cop més segura i, després de parlar amb la meva parella vam decidir intentar el part a casa, encara que una veueta dins meu em deia que no seria prou valenta i al final demanaria anar a l'hospital i epidural. Per això no vam dir res a ningú, perquè pensava què em faria vergonya per no aconseguir-ho.

Doncs bé, el dia què hi havia complit les 39 setmanes, a la 1,30 de la matinada, vaig trencar aigües. Tenia contraccions, però jo les notava molt fluixes i curtes, vaig enviar un Whatssap a l'Imma Sarries i li vaig dir què intentaria tornar a dormir.

Quan vaig anar cronometrant les contraccions...ostres!! Eren cada tres minuts i duraven gairebé un minut! Serà què estic de part? Aquest era el dolor insuportable què jo recordava dels altres parts?

L'Imma va tenir la intuïció de què si, estava de part, així què en mitja hora estava a casa.
La veritat, jo estava tan tranquil·la amb ella al meu costat, i tan contenta perquè el dolor era perfectament suportable amb ella, què vaig anar fent feina. Fent feina, xerrant i menjant magdalenes, què tenia molta gana! Si venia un altra contracció, em posava de quatre grapes i au! un altre menys!
Quan ja estava molt cansada vaig dir "ostres, aquesta última contracció ja picava una mica més! Em queda molt?" i l'Imma em va dir que no ho sabia, però què per la línia púrpura, tot i que no és molt fiable, estava en completa. Quin subidon!!!

Van muntar la piscina i, dins, en dues o tres contraccions més, ja tenia ganes d'empènyer. En aquell moment Imma em va dir que la nena no estava còmoda a la piscina i vaig haver de sortir.

I al costat de la piscina, en la cadira de parts, abraçada pel meu home i animada per l'Imma vaig parir en un no res. Eren les 6:50 del dia 2 de juliol. No oblidaré mai ni la sensació de com sortia Zelda del meu cos ni la força i l'empoderament què representa parir per mi mateixa, amb l'única ajuda d'un altra dona què aporta tota la saviesa què acompanya les llevadores, tant científica com humana. I imagino que el meu home, què es va emocionar moltíssim, tampoc ho podrà oblidar mai.

Només us vull animar a totes les què esteu a punt, si jo, què sóc una "cagueta" he pogut fer-ho, totes podem. Busqueu suport, busqueu informació, trieu el lloc on us sentiu més segures i respectades, tant és si és clínica, hospital, casa de parts o la vostra pròpia llar, busqueu el vostre empoderament i els professionals què us acompanyaran. 

Tot i que tinc dues filles més que per descomptat les estimo amb tota la meva ànima, l'experiència d'aquest part serà sempre el moment més increïble de la meva vida.

Gràcies a aquest grup per l'ajuda i la informació què doneu, gràcies a Imma pel seu acompanyament durant l'embaràs, part i post part, gràcies al meu home per confiar en mi i deixar què prengués jo totes les decisions sobre el meu part sense discussió.

He aconseguit el meu part somiat.

martes, 5 de agosto de 2014

El parto de Pilar

Tenía pendiente esta entrada desde que empecé con el blog. Creía que con el tiempo sería más fácil poner por escrito lo que sucedió, pero sigue siendo duro. No obstante, no quiero seguir retrasando el relato, así que me pondré a ello.
La mayoría ya sabéis que Pilar llegó después de mucho intentar quedarme embarazada. Tuvo que ser en la tercera Fecundación In Vitro, habiendo superado tratamientos hormonales para ovular, pruebas dolorosas (la famosa histerosalpingografía que no se la deseo a mi peor enemiga, gracias Cristina por estar ahí en ese momento), y muchos, muchos test de embarazo fallidos. Cada retraso era una esperanza y una frustración, aunque el primer año no me preocupé en absoluto, a partir del año de “buscar” cada mes que pasaba era muy duro.
Lo que no sabréis la mayoría es que Pilar tenía un mellizo o melliza. Sí, me quedé embarazada de dos de los tres embriones que me transfirieron. Estábamos como locos de contentos, pudimos ver dos bolsas, dos embriones y oír los dos corazones latiendo fuerte. Nadie nos advirtió que en algunas ocasiones sucede lo que se llama “síndrome del gemelo evanescente”. Y eso es lo que ocurrió, en la semana 10-12 uno de los embriones se paró. El duelo en estos casos es muy complicado, porque se niega la existencia de un bebé. En la mayoría de ocasiones, la madre hace “de tripas corazón” y, como hice yo, hace como si no hubiera pasado nada. Pero ha pasado, y esto lo explico porque creo que influyó en cómo fueron las cosas, sobretodo en el post parto. El miedo a perder al bebé que queda (si no me di cuenta de que murió el primero, cómo sé que el otro sigue vivo?) te acompaña todo el embarazo, aunque no lo manifiestes. Y en el parto y post parto, todas las emociones retenidas, todo el miedo, todo el dolor aparece en medio del baile hormonal. Todavía hoy, cuando veo un cochecito de gemelos por la calle, siento una punzada en el pecho y el estómago se me encoge. No, no lo he superado. A pesar de todo, creo que siempre irá conmigo, por mucho que lo racionalice, por mucho que piense que técnicamente “sólo era un embrión”, pequeño, probablemente con graves problemas para salir adelante.
En fin, a lo que íbamos: el parto. Había leído mucho, muchísimo sobre los partos. Sabía que quería parto natural, pero las últimas semanas de embarazo se torcieron todas las ideas y todos los planes. En la semana 35 nos dijeron (porque el papá iba conmigo a todas las pruebas, visitas y ecografías) que la nena no crecía como tenía que crecer. No nos lo dijeron, lo supe luego, pero el motivo era que las arterias uterinas no funcionaban bien. La placenta no estaba alimentando a la niña como debía. Eso, junto con una hipertensión leve, hacía sospechar que podía acabar desarrollando preeclampsia. También se me hincharon mucho las piernas y los pies, sobretodo. Y eso que era el mes de noviembre!
De manera que me citaban dos veces por semana para hacerme una ecografía. Y finalmente, un martes, el 21 de noviembre, nos dicen que como ya estoy de 37 semanas, se puede considerar a término y si el jueves siguiente no me he puesto de parto me lo inducirán. Que era más peligroso seguir adelante con el embarazo que provocar el parto. Como yo me encontraba bien, y soy optimista patológica (no sé si ya lo había explicado, siempre creo que todo va a salir bien), salí de la visita la mar de contenta. Recuerdo que comenté “al final no llegará a Navidad!” refiriéndome a que no se iba a retrasar el parto, a lo que el papá comentó “mientras llegue….”. Fue el único comentario pesimista que le oí en todo el embarazo, pero yo respondí rápidamente “qué cosas tienes, cómo no va a llegar!! Si no pasa nada, es perfecta, sólo que pequeña como yo”. Y no volví a pensar en ello. Hasta el momento del parto, en el que recordé la frase.
El resto del día lo pasé la mar de contenta, revisando por enésima vez las cosas y planificando el día siguiente, aún tenía un día por delante para prepararme, iría a depilarme, a pasear, llamaría a mi hermana para explicarlo todo…
El miércoles me desperté muy temprano porque tenía que ir al baño. De hecho, estaba soñando que me hacía pis. Eran las 6 de la mañana, me levanté y fui al lavabo. Cuando llegué, no pude ni levantar la tapa del  wc, vi como corría el agua entre mis piernas, un líquido claro pero con cosas verdosas-marrones mezcladas. Dije bajito “creo que he roto aguas” y enseguida oí la voz de J. (que yo pensaba que estaba dormido) diciendo “netes o brutes?” (limpias o sucias?) y yo dije: sucias….
Como nos habían insistido en que si eran sucias, lo mejor era ir pronto al hospital, sólo dije: bueno, pero me da tiempo a ducharme y depilarme, no?. Pero no, no me dejaron… nos fuimos inmediatamente. No cogimos ni la maleta, para el hospital. Estábamos contentos, cogí una toalla para no manchar el asiento del coche e íbamos bromeando, porque la niña no había consentido que la “echaran” al día siguiente, ella se iba antes porque le daba la gana. Yo me encontraba emocionada y contentísima, por fin!!!. Acordamos no avisar a nadie hasta que la cosa estuviera adelantada.
Llegamos al hospital, aparcamos en el parking y recuerdo que, al volver a caminar los pocos metros que había desde el parking a la entrada, seguía saliendo agua y nosotros íbamos muertos de risa, entre los nervios y la sensación de ir empapada…
Cuando entramos nos pasaron enseguida a una habitación, pequeña pero cómoda. Había una pelota y me puse el camisón horroroso de hospital. Que por cierto, ya sé que la Sanidad no está para gastos inútiles, pero de verdad no pueden darnos un camisón mejor? Cuando estuve cambiada, me pasaron a otra sala con una mesa con estribos, una doctora me miró y me dijo que no estaba de parto, pero que al romper aguas sucias, y como ya estaba previsto inducirme el parto, me pondrían prostaglandinas. Y me metió “algo”. Vuelta a nuestra habitación de dilatación. Yo me encontraba muy bien, no notaba nada de nada, así que le dije a J. que fuese a casa, aparcara el coche, y trajera la maleta que teníamos preparada. Ah! Y que me comprara un libro, porque la cosa me decían que iba para largo. Un libro que no leí hasta que Pilar tuvo un año, por cierto…
Estaba muerta de hambre, así que pedí por favor que me dieran de comer. No estaban muy convencidas, pero me trajeron unas tostadas de pan minúsculas y un zumo que devoré. Por suerte, yo que había leído sobre el tema, había metido en la maleta unas barritas energéticas y cuando me la trajeron me metí en el baño y me las comí, me supieron a gloria!!!
Las primeras seis horas las pasé en una camilla, con los monitores conectados y sin contracciones que yo notara. Pedí monitores inalámbricos, pero por lo visto no funcionaban, así que no me dejaron moverme. Aburrimiento total, no recuerdo si me dormí un rato, incluso.
Pasadas las primeras seis horas, volvieron a verme y me llevaron de nuevo a la camilla con los estribos, y volvieron a meterme “algo” que dijeron que aceleraría la cosa. Lo cierto es que no recuerdo si también me pusieron en ese momento gotero o no. Y aquí empezó mi infierno. Las contracciones esta vez sí que fueron fuertes, muy fuertes. No podía ni respirar, no sabía cómo ponerme en la camilla. Boca arriba me ahogaba, de lado se desconectaban los monitores y venían las comadronas asustadas a volver a colocarlos. Así estuve varias horas, desde las 12 del mediodía hasta las 4 o las 5 de la tarde. En ese tiempo pasaron varios médicos, o comadronas, o no sé yo cuánta gente a verme. Dos veces me hicieron la prueba del Ph (que me dolió horrores), pinchando la cabeza del bebé para ver si había sufrimiento fetal. Y yo pedía por favor la epidural, y me decían que aún no podía ser, porque no estaba lo suficientemente dilatada.
Mi pobre pareja no sabía qué hacer. En varias ocasiones recuerdo que intentó decirme algo, o tocarme, pero yo sólo podía estar en posición fetal y morderme la lengua para no gritar. Que soy muy pudorosa y no sé cómo pueden gritar otras mujeres de parto, las admiro! Otra de las cosas que hice mal, pero  no pude desconectar del dolor en ningún momento.
Por fin me dijeron que me pondrían la epidural…bien!!! El anestesista vino y me sentaron en la camilla. Recuerdo que me decía que le avisara entre contracción y contracción, y yo no podía avisar de nada, porque para mí no había descanso, todas las contracciones eran seguidas, no tenía respiro!. Cuando, por fin, empecé a notar el efecto y a relajarme, me estiré y me recolocaron los monitores. Nos dejaron solos, pero fue muy poco tiempo. Enseguida entraron en la habitación varias comadronas, o enfermeras, la verdad es que eran tres o cuatro, vinieron a mirarme y llamaron a la ginecóloga. Cuando entró me dijo “nos vamos a cesárea de urgencia, rápido”. Hicieron salir a J. de la habitación, volvió el anestesista, y de esos segundos solo recuerdo que me llevaban corriendo (literalmente) y que dos enfermeras que tenía delante de mí  iban con un doppler buscando las pulsaciones del corazón de P., se miraban entre ellas y decían que no con la cabeza. En ese momento se paró el tiempo. Empecé a pensar “ya está, se acabó, mi niña se ha ido, tengo que despedirme de ella. Pero qué hago? Cómo me despido de ella? Qué tengo que hacer?”. No podía pensar nada más.
De pronto me vi en el quirófano, la luz inmensa sobre mí, un trapo que tapaba todo lo que iban a hacer, y sólo veía al anestesista. Un hombre joven, con acento argentino creo, que iba diciendo cosas para distraerme, pero al que casi no oía. Para quien no haya pasado por una cesárea o una operación con epidural: se nota todo lo que hacen, todo! Es muy desagradable, notaba cómo me “toqueteaban”, noté unas manos dentro de mí. Pero yo sólo podía despedirme de mi niña. Estoy escribiendo esto y sigo llorando. De pronto noté que seguían haciendo “cosas”, pero que ya no me presionaban la barriga. Entonces me giré al anestesista y le dije: “Y la niña? Está…..en la UCI?” porque realmente quería decir “muerta” pero no me salió la palabra.
Y entonces me dijo “no, mujer, porqué iba a estar en la UCI?, se la han llevado al papá”. Buf….
No sé si fue entonces cuando empecé a temblar, o fue antes. No sé si temblaba por efecto de la anestesia, o por los nervios. La ginecóloga me dijo, cuando salí del quirófano “vaya susto nos hemos llevado, tiemblas por el shock”.
Me llevaron a una habitación sola, tres horas, con el dedo conectado a un aparato que hacía “bip…bip…bip”. Me dijeron que tenía que estar allí en observación.
Ahora sé que debían haberme enseñado a mi hija, que tenían que haberla puesto sobre mí, que podía haberle dado el pecho. Que las cesáreas, aunque sean urgentes, pueden ser respetadas. Disculpo a los médicos porque realmente creo que se asustaron, el informe médico dice que hubo bradicardia fetal. También me dijo la ginecóloga que la niña no había pesado lo que esperaban, que eran 2,200, sino menos, 1,980 gr. y que de haberlo sabido no me hubieran dejado parir allí, porque tenían la sala de neonatos cerrada por un virus y si la nena necesitaba incubadora se la llevarían al Hospital de la Vall d’Hebron. Pero que, de momento, estaba muy bien, había salido llorando muy fuerte (aunque yo juro que no oí nada, y estaba con los sentidos alerta) y que si pasaba la primera noche sin problemas no necesitaría incubadora.
A eso de la una de la mañana me subieron por fin a la habitación. Y allí estaban los dos, el papá con un paquetito muy bien envuelto, con su gorrito de gasa, la crema en los ojos. Era tan, tan pequeña! Yo había visto recién nacidos, pero nunca tan pequeñitos como Pilar. Con los ojos muy abiertos, negros, mirando fijamente todo. Sigue teniendo esa mirada tan profunda, que seguro que romperá  muchos corazones. Y así estuvimos toda la noche, mirando ese pequeño milagro, tan perfecta. Todo nos hacía ilusión, si estornudaba, si parpadeaba, cuando se durmió. Era imposible dejar de mirarla, no me atreví ni a destaparla para verla mejor hasta el día siguiente.

Mentiría si dijera eso tan común de “me enamoré de mi bebé en cuanto lo vi” o “se me olvidó todo cuando la tuve en brazos”. Supongo que esas sensaciones son producto de las hormonas normales de un parto normal. Nosotras no tuvimos ese inicio, nos robaron nuestro momento. Pero la lactancia, que conseguí mucho más tarde de lo que hubiera querido, y la oxitocina nos ayudaron a establecer el vínculo. Por eso fue y es para mí tan importante la lactancia, fue muy duro poder dar el pecho en exclusiva, pero es una de las experiencias más bonita de mi vida, y la he compartido con Pilar 31 meses, nada menos.

martes, 8 de julio de 2014

Pequeña Maria....



Un año.
El sábado próximo haces un año.  Un año de sonrisas, de risas, de besos, de abrazos, de carcajadas. De acurrucarte junto a mi para dormir. Si hay una palabra que defina nuestra relación es “fácil”. Porque contigo todo ha sido fácil, fue desear que vinieras y viniste enseguida, te colaste en mi vientre de puntillas. Sólo noté las náuseas (malditas náuseas) que también tuve en el embarazo de tu hermana, y un dolor persistente al amamantar. Ni siquiera cuando el artilugio que compré en la farmacia dijo “embarazada” podía creerlo…había sido tan fácil!!!!

Después te vi en la consulta de aquella ginecóloga (de cuyo nombre no quiero acordarme) y ya me quedé prendada de ti. Yo, que pensaba que no podía sentirse la misma emoción con el segundo hijo que con el primero, viniste a enseñarme que sí.

Quise tener un parto en casa contigo, pero me pudo el miedo y la economía. Pero daba igual, porque tu parto también fue fácil, un parto vaginal respetado, sencillo y tan emocionante que oí a tu padre gritar una palabrota cuando saliste de mi. Y eso que nunca dice palabrotas!

Después, en la misma sala de partos te enganchaste a mi pecho, perfectamente, sin nada de dolor. Seguía siendo fácil. Fuiste un bebé de manual: mamar y dormir. Nos diste tregua para que tu hermana, que sólo tenía 19 meses, asumiera que a partir de entonces seríais dos en casa, en nuestra cama y en nuestros corazones.

Eso sí, desde que empezaste a gatear nos has demostrado que puedes ser tan “tremenda” como ella, no paras quieta, nos persigues, exiges tus mimos y atención. Como tiene que ser. 

La pequeña María que vino a enseñarme que era capaz de ser madre por mí misma, que era capaz de amamantar y de parir. No hace falta que te lo diga, no? Te quiero, pequeña.

lunes, 16 de junio de 2014

Ictiosis Hystrix. O de los médicos irresponsables.




Llevo muchos días sin publicar ninguna entrada. Lo cierto es que tengo muchos, muchos temas pendientes, muchas cosas que quiero explicaros a las dos, pero la de hoy es sobre el tema que más me ha angustiado últimamente. 

A los pocos días de haber nacido María tuvieron que ingresarla en Can Ruti porque tuvo una subida de fiebre de origen desconocido. Durante cinco largos días estuvieron poniéndole una batería de antibióticos a través de una vía, que iban cambiando de lugar, en las dos manos y en los pies alternativamente. Aparte de todo lo que supuso, empecé a ver una parte de la piel rugosa en las zonas donde habían estado, que se ponía más oscura y reseca. Lo comenté en el Hospital y en las visitas posteriores a su pediatra y todo el mundo me decía que seguramente era una especie de cicatriz por las vías que había llevado. Pero esto no se iba, a veces disminuía un poco y otras parecía empeorar. Algo me decía que no era ninguna cicatriz, pero claro, no me hacían caso.

En el mes de Enero, seis meses después,  no había desaparecido y, además, había salido otra mancha similar en el pliegue del cuello. Como tenía previsto empezar a trabajar de nuevo, pensé en llevarla a que la viera un dermatólogo. Creía que no tenía más importancia, que podía ser un hongo que hubiera cogido en el hospital, o cualquier cosa sin importancia.

Así que allá fui, con la peque, a un hospital de niños privado muy conocido de Barcelona. Mientras me daban hora empezó a salirle las mismas manchas por el torso, en formas circulares y le llegaban hasta la ingle. Lo que no me esperaba es que la dermatóloga me dijera, a bocajarro, palabras parecidas a éstas:
“Esto es una enfermedad incurable, le irá a más y se le llenará todo el cuerpo. Es hereditaria, no hay nada que hacer, aparte de poner crema hidratante. Mira, te apunto el nombre en este papel “Ictiosis Hystrix”, busca información. Ahora le hago unas fotos y vuelve dentro de unos meses para que veamos cómo evoluciona”.

Se me vino el mundo encima, creo que no fui capaz de reaccionar. ¿Incurable?¿hereditario?¿se le va a llenar todo el cuerpo?. Pero lo peor fue poner las malditas palabras en Internet, ahí si que me vine abajo. Las imágenes en Google son para asustar al más valiente, imagínate si encima eres madre, te dicen que tu hija tiene esa enfermedad, que “se le llenará todo el cuerpo” y que es incurable. No podía imaginar cómo le podían haber diagnosticado así de rápido de algo así y dejarte ir con la receta de una crema hidratante y un nombre escrito por la parte de atrás del papel.

Recuperada un poco del shock, y buscando información, encontré que existe la Asociación Española de Ictiosis. Escribí y me contestaron enseguida, un hombre muy amable y comprensivo, con una hija afectada de la enfermedad, que me recomendó conseguir primero un buen diagnóstico, y me dio nombre de doctores especializados. Es una enfermedad de las consideradas “raras”, y como en la mayoría de casos es un problema “únicamente” estético, hay poca investigación. Digo únicamente entre comillas porque aunque es cierto que hay cientos de cosas peores en el mundo, la estética es muy importante, y más si piensas en un niño y futuro adolescente. 

Conseguí hora con una de las doctoras que me recomendaron, que además de trabajar en el Hospital de Sant Pau tiene consulta privada, aunque tuve que esperar más de un mes. Un mes que se me hizo larguísimo. Nada más empezar la exploración me dijo “tranquila, Ictiosis Hystrix no es”. Y nos recomendó hacer una biopsia.

Y si, tiene un “Nevus epidermolítico”. Que si bien no es ninguna tontería, seguramente no irá a más, y puede tratarse en el futuro con láser. No es genético, es congénito, se produce cuando se está formando el embrión y por suerte, a María le afecta en poca zona de la piel y muy levemente. El único problema es que, si alguna de estas células mutantes ha llegado a los óvulos, podría tener un hijo con Ictiosis. La posibilidad es muy remota, pero ahí está. De todas formas,  de aquí a veinte o treinta años, cuando tenga que ser madre, puede que ya haya cura, o puede que escoja ser madre por FIV y se puedan seleccionar los óvulos no dañados. Hablar de lo que habrá avanzado la medicina en tanto tiempo es ciencia ficción.

Me indigna que un médico haga un diagnóstico tan grave en una primera visita, sin haber realizado pruebas, sin ser experto en la enfermedad concreta. Me indigna que te apunten un nombre en un papel y te digan que busques información, sabiendo que no eres médico y que no vas a encontrar nada bueno ni tranquilizador en Internet. Me indigna la falta de profesionalidad y la falta de humildad para reconocer las propias limitaciones. Hubiera sido mucho mejor que me dijera que había que hacer pruebas, que había que investigar, que no me preocupara de antemano, o que fuera a otro especialista en este tipo de lesiones. 

Y tenía que contarlo. También para dar las gracias a la Asociación Española de Ictiosis por su apoyo, a algunas madres de afectados que me escribieron dándome ánimo y apoyo, y a la Dra. Baselga porque, además de ser una profesional de la dermatología como la copa de un pino, es comprensiva, humana y sabe tratar a los niños.

Edito la entrada hoy 4 de agosto de 2014 para decir que, después de más de un mes de intentar contactar con el Hospital de Nens para presentar una queja de forma privada contra la doctora Isabel Martínez, no he recibido respuesta alguna, ni por email ni en su página de facebook (donde intenté por última instancia que me dieran una dirección de correo para poder hacer llegar mi queja).

Esta dermatóloga no sólo diagnosticó a mi hija una Ictiosis Hystrix sin realizar una biopsia ni ninguna otra prueba, sino que, además, me apuntó el nombre en un papel (en la receta de la pomada Ureadin) y me dijo que buscara información, cosa que me parece absolutamente fuera de lugar e irresponsable. Los médicos se quejan frecuentemente de que los pacientes busquen alegremente el nombre de enfermedades en internet y lean todo lo que cae en sus  manos sin conocimientos. Si alguien quiere probarlo, que ponga en Google "Ictiosis Hystrix" y que me explique si no le parece una irresponsabilidad grave decirle a una madre de una niña de meses que se busque ella misma información sobre la enfermedad. 
Quiero hacerlo público para que otras madres en mi lugar no se crean de buenas a primeras un diagnóstico dado por un médico. Es muy triste la situación en la que nos encontramos los pacientes. Antes de ser madre, para mi un médico era una persona muy respetable, a la que admiraba por todos los años que debían estudiar e investigar y les suponía una ética profesional muy elevada. Ya veo que no siempre es así.

miércoles, 2 de octubre de 2013

CUENTOS PARA DORMIR

Anoche, después de un fin de semana muy intenso, me reconcilié con la maternidad.

Reconozco que estaba agotada, P. lleva varios días muy demandante, más de lo habitual. Eso, unido a que le están saliendo los colmillos y que este fin de semana no hicimos ninguna actividad extra, hizo que tanto ella como yo estuviéramos muy nerviosas. Supongo que era un poco de todo: resfriados, dientes, edad y celillos de su hermana.

Sin embargo, ayer ya habíamos recuperado las rutinas de siempre, guardería, parque, baño...y la cosa fue mucho mejor.

Lo que de verdad me lleva a escribir esta entrada es lo que pasó a la hora de dormir. Como su padre juega mucho con ella a última hora, estaba muy alterada y, aunque se caía de sueño, se negaba a dormirse. Después de un buen rato de teta, ahora quiero ir con el papa, ahora quiero ir con la mama a dormir, etc... estábamos en la cama y volvió a bajarse y a pedir ir con su padre.

Entonces, no se porqué, se me ocurrió decirle "t'explico un conte?". Al segundo pensé que era una tontería, que era muy pequeña para cuentos, que con 21 meses no iba a entenderlo. Pues, para mi sorpresa, me dijo"SIIIIII!!!!", volvió a subir a la cama, se tumbó a mi  lado y me miró con una gran sonrisa.

Como no tenía ninguno previsto, porque realmente pensaba que nos faltaba mucho tiempo para los cuentos, sólo se me ocurrió explicarle "El Patufet" Un cuento que me encanta desde pequeña.

Me escuchó tan atenta!! se reía cuando explicaba que "quan el bou farà un pet, sortirà en Patufet", y tuve la impresión de que lo entendía todo!. Se le fueron cerrando los ojos y se quedó dormida enseguida. Os parecerá una tontería, pero me emocioné. Se hacen grandes tan rápido...como dijo una ciber amiga "en la maternidad, los días son muy largos y los años muy cortos".

miércoles, 25 de septiembre de 2013

De Quijotes y Sanchos

Hoy hemos tenido reunión del grupo de apoyo a la lactancia de Alba, donde estoy haciendo las prácticas para ser Asesora. Hoy he vuelto a llorar con dos madres cuando relataban sus partos, cesáreas in-necesárias y lactancias con dificultades, protocolos absurdos con separaciones injustificadas de recién nacidos de sus madres. Cada vez que escucho relatos de mujeres a las que les han robado sus partos, las primeras horas con sus bebés y les han puesto tantas trabas para tener una lactancia placentera, como deberían ser todas las lactancias, se me remueven muchas cosas por dentro. Recuerdo tu parto, P., que aunque fue una cesárea necesaria, no fue respetuoso y nos separaron tres largas horas. Durante algunos minutos que se me hicieron eternos, pensé que te había perdido. Aún no he sido capaz de hacer la entrada que relate todo lo que sentí, porque sigue siendo muy doloroso.

Así que, como tenéis una madre que es más Quijote que Sancho, os pido perdón por las horas que os robo para formarme como asesora, pero necesito luchar contra esos gigantes que son los protocolos absurdos y los malos profesionales que tanto daño hacen cada día a las madres. Porque Eduardo Galeano dice que  "Muchas personas pequeñas, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas pueden cambiar al mundo" . Y yo lo creo firmemente. Y espero que cuando vosotras seáis madres algún día no necesitéis plan de parto para que os respeten a vosotras y a vuestros hijos, y no tengáis que acudir a ningún grupo de apoyo a la lactancia llorando para explicar cómo os robaron algo tan básico como parir a vuestros hijos y amamantarlos con placer.


martes, 17 de septiembre de 2013

De inne-cesáreas y otras injusticias

Reconozco que hago esta entrada desde la más profunda indignación.

No voy a hablar de porqué es grave realizar una cesárea a una mujer sin necesidad. Ni de los perjuicios que tendrá para esa mujer en el inmediato post-parto y en el futuro, en la lactancia y en su estado de ánimo. Que se sentirá enferma, que no disfrutará de su maternidad y del vínculo como ella se merece, que tendrá muy probablemente dificultades con la lactancia. Que no podrá reir ni toser sin miedo a partirse por la mitad, que los primeros pañales de su hijo los tendrá que cambiar otra persona. Que estará cansada, dolorida, deprimida. Todo eso pasa, yo me recuperé muy bien de mi cesárea y superé las dificultades con la lactancia, como ya he explicado en otro post. Por cierto, mi cesárea fue necesária y en el mismo hospital he podido parir vaginalmente a mi segunda hija habiendo sólo 19 meses de diferencia entre parto y parto.

Quien quiera saber más sobre el tema tiene a su disposición páginas maravillosas como "El parto es nuestro" o "Donallum" en catalán. Quien quiera información sobre cesáreas, la red está llena de ella, de los efectos secundarios para la madre aqui, por ejemplo, y aqui sobre los perjuicios para el bebé.

Lo que realmente me indigna, lo que me saca de quicio, es que haya tanta diferencia entre acudir a una clínica privada o a una pública. Yo, que tengo Mútua, no he querido parir ninguna de las dos veces en una clínica privada. Porque el índice de cesáreas en las clínicas es altísimo. De hecho, en este segundo parto estuve dudando porque el ginecólogo que me hacía el seguimiento es muy respetuoso con los partos naturales, incluso ha asistido a partos en casa porque reconocía que, mientras estudiaba la carrera,  no presenciaban ningún parto normal, y eso los lleva a considerar casi todos los problemas como patológicos e intervenir. Al final parí en un hospital público. Cuando se lo expliqué en la visita de después de la cuarentena, y le pregunté directamente "si hubiera ido a tu clínica, ¿habría podido parir vaginalmente con cesárea previa después de 20 horas de parto?" me confesó que no, que los protocolos indicaban una cesárea mucho antes.

¿Protocolos? ¿Pueden unos estúpidos protocolos decidir sobre mi cuerpo y el de mi hija si no es una cuestión de salud?. Cada semana prácticamente veo madres que acaban de parir, o que lo han hecho hace muy poco. Si la maternidad ya es difícil per se los primeros meses, cuando te han practicado una innecesárea lo es muchísimo más. Si a esas mismas madres las intentas avisar antes del parto de que estudien el tema, que lean mucho, que se informen, que realicen su plan de parto, que decidan cómo y dónde quieren parir con todos los datos científicos en la mano, te encuentras con que muchas veces te dicen "yo confío en los médicos, que ellos sabrán lo que es mejor". Pues no, lamentáblemente no van a hacer muchas veces lo que sea mejor para tí, sino lo que sea mejor para ellos, para la clínica donde trabajan, o sencillamente, lo que les sea más cómodo. He oido excusas peregrinas para realizar cesáreas: el niño era muy grande ( y luego ha tenido un peso la mar de normal), el niño era muy pequeño (idem, luego el peso era normal, también), tenía una vuelta (o dos, o tres) de cordón, el cordón estaba muy "enredado" (como si fuera una madeja de lana, dios mio!!!), y casi todas, por no decir todas, en clínicas privadas.

A todos aquellos ginecólogos que practicaran cesáreas sin una justificación médica seria los penaría con cárcel. Asi, sin más. Y los dejaría sin ejercer un tiempo, para que se reciclen y aprendan un poquito. Porque una cesárea es una agresión a la integridad física de la mujer y del niño, porque puede tener graves consecuencias en la salud de ambos en el futuro, porque es una violación del juramento hipocrático.  Y las clínicas que lo consienten deberían pagar indemnizaciones millonarias a esas familias.

Y las que estáis embarazadas, por favor, empoderáos, no pongáis vuestras vidas y la de . vuestros  hijos en manos de cualquiera que tenga un título de medicina. Por desgracia, con el título no les dan la ética necesaria para ejercer. No vayáis al parto como ovejas al matadero, pelead por lo que queréis para vosotras y para vuestro parto. El parto es VUESTRO. Es natural, es animal, es vuestra vida.

Y que conste que no apoyo ningún tipo de parto en concreto. En mi segundo parto pedí la epidural porque no soportaba el dolor y me alegro, disfruté del parto. Para otra mujer será preferible un parto en casa, otra acudirá a una casa de partos, otras tendrán que pasar por una cesárea que salvará su vida o la de su hijo. Cada mujer es distinta y cada parto también. Pero ponerse mansamente en las manos de otro es muy arriesgado.

Informáos, por favor. Hoy se me han saltado las lágrimas porque a una amiga a la que aprecio (y que me da mucha ternura, como una hermana pequeña) le han hecho una innecesárea en una clínica privada. Ella no quiso leer, no quiso informarse, confiaba en su médico y en la clínica. Y le han fallado. Y me tengo que morder la lengua, animarla y ayudarla si puedo con la lactancia que ya ha empezado mal. La rabia me puede, pero ya no puedo hacer nada más.

No quiero terminar sin felicitar al equipo de ginecólogos, comadronas, enfermeras y todo el personal del Hospital de Sant Pau donde han nacido mis dos hijas. En los dos casos fueron respetuosos, la cesárea fue necesaria y el parto vaginal una maravilla. Gracias, porque gracias a vosotros se que hay otras formas de ejercer la medicina y hay esperanza.