lunes, 18 de febrero de 2013

El corazón de María

La semana pasada tuvimos el resultado de la prueba Harmony, la prueba en sangre de enfermedades cromosomáticas. Como esperaba, está todo correcto. Así que llegó el momento de presionar al padre para que se decidiera por fin el nombre de la peque. Os parecerá una tontería, pero mientras no tiene nombre no me parece real del todo. Ahora ya puedo hablar con ella como hablaba con P.

Será María! el primero en mi lista. No sé porqué, me gusta como suena, me gusta que sea intemporal, sencillo y que sea igual en castellano que en catalán.

Así que esta mañana he cogido mi Angel Sound y he escuchado el corazón de María, latiendo a toda pastilla, como corresponde.

sábado, 9 de febrero de 2013

Cuando una crítica se convierte en halago

Cuando eres madre, siempre hay momentos en los que te planteas si lo que haces con tus  hijos es lo correcto. Hay muchas formas de criar y educar, y cada uno de nosotros escoge la cree que es mejor para él. Sin embargo, siempre llega el día en el que te planteas si lo estás haciendo bien.

También hay veces en los que alguien o algo te reafirman en que vas por el buen camino. A veces es una reacción de tus hijos, otras es alguien que te alaba por tu crianza o por los hijos que tienes. Sin embargo, hay ocasiones en las que la crítica de alguien cercano se convierte en todo lo contrario, y te reafirma en que estás siguiendo el camino correcto.

Hace poco me dijeron que estaba educando muy mal a mi hija. Me sorprendió y, en vez de enfadarme de buenas a primeras (mi primer impulso), pregunté porqué opinaba eso. La respuesta fue la siguiente:

"Tu hija está demasiado apegada a ti. Cuando tú estás sólo quiere estar contigo. Si estás presente y se cae, por ejemplo, llora hasta que tú la coges en brazos, nadie le sirve de consuelo más que tú. Le das teta cada vez que te pide. Duermes con ella y eso no es bueno, los niños que duermen con los padres lo pasan muy mal cuando los sacan de la cama. La has llevado demasiado en brazos, se ha acostumbrado a dormir en tus brazos o en los de su padre. Ahora no quiere ir en cochecito si estás tú, porque prefiere ir en brazos",

Pues si, a  veces se me ha pasado por la cabeza si estaba  consiguiendo formar un vínculo estrecho con P., sobretodo porque su nacimiento fue muy traumático y me separaron de ella durante tres largas horas. Tres horas en las que no pudimos vernos, ni pudo estar en mi pecho, ni pudimos iniciar la lactancia. Puede parecer poca cosa, pero después de un parto por cesárea, antinatural, con sufrimiento fetal, la separación es importante. Para más información sobre los perjuicios de la separación temprana se puede seguir leyendo aqui,

Así que cuando me hicieron la crítica que he expuesto arriba, y describieron de forma tan gráfica las características que tiene un bebé que ha desarrollado un apego seguro con su madre, me sentí enormemente orgullosa. Para quien no conozca lo que se considera apego seguro, voy a resumir algunos rasgos:

"El apego tiene una serie de características comportamentales:
  • Esforzarse por mantener la proximidad con la persona con la que se está vinculada
  • Resistirse a la separación sintiendo ansiedad, desolación y abandono ante la pérdida
  • Mantener un contacto sensorial privilegiado con la figura de apego
  • Usar la figura de apego como base de seguridad desde la cual poder explorar el mundo físico y social
  • Refugiarse en la figura de apego en momentos de tristeza, temor o malestar, buscando en ella apoyo y bienestar emocional."

En cuanto a los tipos de apego que pueden darse entre un bebé y su madre, hay cuatro tipos: 

  • Apego seguro: Se da en el 65% de los bebés. Los bebés con este tipo de apego exploran de forma activa mientras están solos con la figura de apego, y pueden intranquilizarse visiblemente cuando los separan de ella. A menudo el bebé saluda a la figura de apego con afecto cuando regresa, y si está muy inquieto, tratará de entrar en contacto físico con ella. Estos bebés son sociables con extraños mientras la madre está presente.
  • Apego resistente: Se da en un 10% de los bebés. Los bebés con este tipo de apego tratan de mantenerse cerca de la figura de apego y exploran muy poco mientras ella está presente. Se inquietan mucho cuando ésta se marcha, pero cuando regresa su reacción es ambivalente: permanece en su cercanía, pero pueden resistirse al contacto físico con ella mostrándose molestos por el abandono. Se muestran sumamente cautelosos con los extraños, aún en presencia de la figura de apego.
  • Apego evasivo: Se da en un 20% de los bebés. Los bebés con este tipo de apego muestran poco malestar cuando son separados de la figura de apego y generalmente rehuyen de ella cuando regresa aunque ésta trate de ganar su atención. Suelen ser sociables con los extraños pero pueden ignorarlos de la misma forma en que evitan a su figura de apego cuando regresa.
  • Apego desorganizado/desorientado: Se da entre un 5 y un 10% de los bebés. Es una combinación de los patrones de apego resistente y apego evasivo. El bebé puede mostrarse confuso permaneciendo inmóvil o acercarse para luego alejarse de forma abrupta a medida que la figura de apego se aproxima.
Me llama la atención que sólo el 65% de los bebés tengan este tipo de apego con su madre o padre. Quiere decir que casi la mitad de los padres no están haciendo lo correcto a la hora de criar a sus hijos, a pesar de todas sus buenas intenciones. Imagino que este estudio se basa en datos recogidos en nuestra sociedad occidental, ya que en otras culturas se fomenta mucho más la crianza respetuosa, por ejemplo, las madres portean a sus hijos prácticamente todo el tiempo, los amamantan hasta los 3, 4 años o más y duermen con ellos. Pero conseguir este tipo de apego en una cultura donde lo "correcto" parece ser todo lo contrario es todo un logro. Sobretodo por las presiones externas y las críticas de las personas más cercanas te llueven constantemente, supongo que porque son las únicas que se creen con derecho a  decirte lo que opinan.

Pero he aprendido a aceptar algunas críticas como halagos. Estoy muy feliz de recibir algunas críticas, no pienso molestarme ni enfadarme, ni siquiera voy a perder el tiempo en defenderme. Espero seguir recibiendo este tipo de censuras durante muchos años, y con mi próxima maternidad más todavía. Sigo desaprendiendo cada día gracias a mi hija.



Nota: Quien quiera más información sobre el apego seguro y la crianza respetuosa puede consultar los libros "El amor maternal" de Sue Gerhardt, "Bésame mucho" de Carlos González, "Lo que hacen las madres" de Naomi Standlen, "El concepto del continuum" de Jean Liedloff, "El bebé es un mamífero" de Michel Odent, o ver el video de la entrevista que Eduard Punset hizo a Sue Gerhardt para su programa de "Redes" titulado "El cerebro del bebé". Teniendo en cuenta que se considera bebé a los niños hasta los 3 años, en el siguiente enlace.




jueves, 7 de febrero de 2013

¿Porqué?

Recupero una entrada que hice hace años. La recupero porque creo que es perfecta para el tema del blog: desaprender. Desaprender lo que sabemos, reinventarnos, olvidar los prejuicios y empezar de cero. Es difícil hacer cambios en la vida, pero es posible. Y más cuando hay buenas razones para ello. También la recupero para que algún día mis hijas entiendan un poco mejor a la loca de su madre.

Una anotación final: ya he llegado al punto en el que me importa muy poco lo que piensen los demás de lo que como o dejo de comer.

"Cuando me hice vegetariana mis conocidos se mostraron estupefactos. Yo, que adoraba los bistecs casi crudos, que me encantaba el foie-gras, los callos, las hamburguesas, en fin, que era carnívora, que me tragaba hamburguesas de doble carne. Sí, yo me hice vegetariana.

Hace casi dos  años me uní a la defensa de los animales, pero no quería dejar la carne, por mucho que mi razón dictara que era lo más congruente. Yo podía estar en contra de las corridas de toros, del maltrato a los animales, podía defender a capa y espada a los perros y sobretodo, a los gatos. Pero dejar de comer carne ¿porqué? estaba taaaaaan buena...además, no era sano y los animales de granja habían sido criados para eso, no? era lo "natural", matar para comer.

Pasado un tiempo empecé a darme cuenta que allgo no cuadraba. ¿Cómo podía comerme a un pequeño ternero que habían arrebatado a su madre? ¿Cómo podía comer conejo, después de  mirarles a los ojos? ¿y las (para mi) fabulosas costillas de cordero lechal? un cordero lechal es un bebé que aún debería estar mamando y con su madre. Pero se lo arrebataron para matarlo y que yo disfrutara de esas pequeñas costillas tan buenas.

No fue del día a la mañana. Tarde casi un año en tomar la decisión, pero llegó un momento en el que me di cuenta, tras larga reflexión: la única razón por la que no me había vuelto vegetariana era mi propio egoísmo. No había ningún motivo de salud, ni racional, por el que debiera seguir comiendo carne. Me fijé una fecha, el 1 de enero de 2010 para no volver a comer la carne de ningún animal. Y aquí estoy.


Ya no siento culpas, no me siento incongruente. Ya no me apetece  la carne cuando la huelo, cuando la veo. Mi vida dio un vuelco.

No me ha sido para nada difícil personalmente. Disfruto de los nuevos platos que estoy cocinando, de los esfuerzos por adaptar los platos "de toda la vida" para que no contengan ni una sola gota de sangre ni sufrimiento. Me siento bien por dentro y por fuera y puedo visitar un refugio y mirar a los ojos a los animales no humanos sin sentirme culpable. Porque puedo vivir sin que ellos tengan que morir por un capricho mio.
Es difícil en cuanto a mi entorno. No todo el mundo lo entiende y, lo que es peor, no todo el mundo lo respeta. Las "bromitas" de los primeros meses no me costó aceptarlas. La intolerancia, en este momento que ya llevo ocho meses como vegetariana, me está empezando a enfadar y ya he sacado las uñas alguna vez. Pero se que después de esta fase vendrá la de que me dará todo igual lo que digan. O eso me ha dicho mi mejor amiga vegana.

Pero os aseguro que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida."

miércoles, 6 de febrero de 2013

La "PRUEBA"

Si, la "PRUEBA", así en mayúsculas. Porque me ha tenido ocupada y preocupada varias semanas.

Cuando estaba embarazada de P. no tuve opción. Me quedé embarazada después de tres Fecundaciones In Vitro y en un principio estaba embarazada de mellizos. Cuando llegó la semana 8 uno de los embriones se detuvo y dejó de latir su corazón. Aunque de esta pérdida hablaré más adelante, tenía un miedo terrible a que le ocurriera algo parecido a mi otro bebé, y a que tuviera alguna enfermedad o problema cromosómico.
Puesto que no me pude hacer el llamado triple screening, me hice la amniocentesis.
Para quien no sepa en qué consisten ambas pruebas, en esta página web (que por cierto, recomiendo encarecidamente) están muy bien explicadas:

http://www.bebesymas.com/embarazo/triple-screening-en-el-embarazo-que-esperar-de-la-prueba

Personalmente, lo pasé fatal durante y después de la amniocentesis. No por el miedo de que mi bebé tuviera alguna enfermedad. Como soy patológicamente optimista, estaba convencida de que estaba bien de salud. Mi miedo era, como casi siempre, porque tenía demasiada información. Había leido en varios foros a madres que habían perdido su embarazo después de la prueba, ya que el riesgo de aborto es del 1% aproximadamente. Después de todo lo que había pasado para quedarme embarazada, me aterraba la posibilidad de perderlo.

La prueba en si no es dolorosa en exceso. Pero ver esa aguja enorme que entra en tu tripa es de película de terror. Tuve la suerte de que la enfermera que me atendía me daba la mano y me animaba, diciéndome que faltaba poco y que respirara hondo, que acababan enseguida. Me dieron una ecografía preciosa, se veía a mi bebé (aún no sabía que sería una niña) chupándose el dedo. Pero casi no quise ni mirarla, pensaba que si algo salía mal aún sería más doloroso.

Pasé los dos días siguientes en la cama. Sólo me levantaba para ir al baño y con miedo, mirando obsesivamente si perdía líquido amniótico. Tenía la sensación de que en cualquier momento se iba a romper la bolsa de aguas e iba a perder a mi bebé.

Después de esos dos días de angustia (en los que, por cierto, tuve que irme a casa de mi suegra porque J., mi marido, estaba de viaje en la otra parte del mundo por trabajo), fuimos al Hospital a recoger los resultados. Cuando la enfermera, la misma que me cogía la mano durante la prueba, buscó el sobre en su mesa, lo abrió y me dijo "todo está bien, es una niña", rompí a llorar. Toda la tensión acumulada esos días salió a borbotones. Estaba en una nube.

Lo primero que hice, cuando las lágrimas me lo permitieron, fue enviar un sms al papá. Aún me emociono cuando lo recuerdo...

Esta introducción es para que se entienda mi obsesión, en este segundo embarazo, de librarme de la dichosa "prueba". No quería prescindir de saber si estaba bien o no mi bebé, pero no quería pasar por todo aquello si era posible. Con mi edad (42 añazos) tengo mucho riesgo de tener un bebé con Sindrome de Down ( 1 entre 60 según los cálculos más conservadores).

Cuando me hice la amniocentésis ya se hablaba de una nueva prueba no invasiva, que consistía en un simple análisis de sangre y que detectaba este síndrome con una fiabilidad idéntica. Y, además detectaba dos de las anomalías cromosómicas más comunes, la del cromosoma 18 o Síndrome de Edwards y la del cromosoma 13 o síndrome de Patau.

Estas anomalías no son tan habituales como el SD, el síndrome de Patau afecta a uno de cada 12.000 nacidos vivos (ya que la mayoría de los afectados muere antes de nacer) y el de Edwards a 1 de cada 3.000, teniendo también, como casi todas las trisomías un alto índice de abortos.

Es cierto que la amniocentesis revisa todos los cromosomas, pero "a grosso modo". Es decir, comprueba que haya dos cromosomas en cada uno de los 23 pares que tenemos los seres humanos, pero sin entrar en detalle. En la nueva prueba no invasiva sólo se revisan los pares 21, 13 y 18, pero éstos son los más comunes y los que tienen mayor índice de supervivencia de los afectados.

De manera que, en cuanto supe que se podía realizar esta prueba en mi ciudad, me volví loca buscando información. Información que, por cierto, fue muy difícil de encontrar. Las páginas de internet daban datos generales, no concretaban qué cromosomas se analizaban y con qué índice de fiabilidad. Mi ginecólogo de la Seguridad Social no tenía ni idea. El ginecólogo que me visita por la mutua me dijo que mejor que me hiciera la amnio, aunque sospecho que tenía interés en cobrarla, por supuesto, porque esta prueba era muy nueva, la amnio tenía una fiabilidad del 100% y la otra no.

Cuando fuí a informarme en el centro que la realizaban, la visita médica fue surrealista. Antes de realizarte la prueba, tenías que pasar obligatoriamente por una entrevista con un ginecólogo del centro que se suponía me iba a dar toda la información sobre la misma. Pues bien, la doctora que me atendió no tenía ni idea. Me comentó que sólo analizaba el cromosoma 21. Y yo, que soy muy repelente y me gusta ir a los sitios con los deberes hechos, le expliqué todo lo que sabía del tema, que hacía años que la prueba se realizaba en Estados Unidos y Alemania, que analizaba los tres cromosomas más susceptibles de tener anomalías, que las muestras de sangre se enviaban a EEUU para el análisis, etc. Salió del despacho a confirmar lo que le estaba explicando, y cuando volvió me pidió disculpas y me dijo textualmente que "les habían enviado la información por email, pero que no había tenido tiempo para leerla". En fin, creo que sobran los comentarios. Si bien es cierto que por el sólo hecho de ser ginecólogo no estás obligado a saberlo todo, sí que creo que si tienes una visita de una paciente que viene única y exclusivamente a que le expliques cómo funciona una prueba en concreto, tu deber es informarte.

Después de la visita de "información", sólo tuve que acudir al laboratorio de la planta baja y hacer cola para la extracción de sangre. Dentro de quince días tendré los resultados.

Por cierto, una semana después me dieron los resultados del triple screening que me hicieron en la seguridad social y dieron "bajo riesgo". Así que estoy convencida de que mi niña está estupendamente, dándome ardores de estómago y molestias varias, como es su obligación.

En cuanto tenga los resultados definitivos, os los cuento. Eso sí, la "PRUEBA" no la cubre ni la Seguridad Social ni ninguna mútua. El precio actual es de 695 €. Aunque los he pagado la mar de contenta...