miércoles, 27 de marzo de 2013

La lactancia de P (parte II)

Bueno, pues P nació un miércoles a las 10 de la noche y el lunes siguiente por la mañana nos fuimos a casa. Durante la estancia en el hospital mamó muy poco. A mi me dolía mucho, ella se cogía mal y yo no sabía como ponerla mejor, además, se dormía en pocos minutos y yo sólo podía pensar todo el rato en que soltara el pecho para darle el bibe y descansar. Tenía muchos altibajos. Cuando estaba con el biberón lloraba porque quería darle el pecho, y cuando estaba al pecho sólo quería que terminara ese dolor. Además, notaba los famosos entuertos, que son peores cuando ha habido una cesárea.
En ningún momento dudé de que tendría suficiente leche, había leído a Carlos González y su libro "Un regalo para toda la vida", además de "Mi niño no me come", "Bésame mucho", "Entre tu pediatra y tú", y un montón de artículos que decían que todas las madres pueden amamantar a sus hijos. Lo que creía es que quizá en mi caso no funcionaría porque ella era muy pequeña y yo muy patosa y no sería capaz de aprender a hacerlo.
Nos fuimos a casa felices, ya podía caminar un poco mejor (en otra entrada hablaré de mi parto y de la recuperación de la cesárea), y como seguía con ingreso domiciliario por bajo peso, la comadrona vendría cada día a casa. Eso me dio mucha confianza, creo que debería ser lo normal en todos los casos de padres primerizos, por lo menos una semana.
Cuando llegamos a casa los gatos nos recibieron con alegría. Llevábamos casi una semana fuera y los pobres estaban hambrientos de mimos y ronroneos.
Seguí con la rutina del hospital, cada tres horas teta y luego biberón. Al día siguiente llegó Carmen, la comadrona, con una báscula para controlar el peso y con mucha paciencia, aunque con pocos conocimientos de lactancia, por desgracia. Es una mujer muy maternal, muy cariñosa y aún la veo de vez en cuando. El problema de los profesionales médicos es la falta de formación y actualización de conocimientos. En un tema tan importante como la lactancia deberían hacer cursos de reciclaje, pero claro, no hay medios y deben pagárselos ellos en el mejor de los casos.
Cuando vino Carmen me recomendó beber mucha leche de almendras. Me compré un litro y me lo bebí religiosamente, pero no me gustó nada. Además, estaba bastante desilusionada con la lactancia y no me veía con fuerzas de luchar, bastante tenía con mantenerme en pie 24 horas y seguía sin poder agacharme o ir al baño, por ejemplo, sin dolor.
La comadrona me dijo que la pusiera más veces al pecho, que la despertara, que la tuviera media hora de cada pecho y que eliminara los biberones. Pero con el dolor que tenía cada vez que amamantaba, la verdad, no le hice caso. Llegó la semana del 6 de diciembre y ella se cogía vacaciones, así que vendría en su lugar otra comadrona del hospital que se llama Maribel y me comentó que sabía mucho sobre lactancia materna.
Maribel fue también muy cariñosa, y por lo menos vio dos cosas: la primera, que la nena seguramente tenía frenillo y por eso no mamaba bien, se cansaba y se dormía. Y la segunda es que ella no podía ayudarme más, y me recomendó buscar un grupo de apoyo a la lactancia. Mi pareja buscó el grupo de apoyo que nos quedaba más cerca y estaba a unas calles de mi casa. Era un grupo de Alba Lactancia y se reunían los miércoles por la tarde. Como P aún no podía salir de casa, hasta que no llegara a los 2,200 kg. por lo menos, fui sola ese miércoles. Fui desesperanzada, pensando que no conseguiría nada, pero por lo menos tenía que intentarlo. Me daba una vergüenza terrible, porque aunque no lo parezca, soy muy tímida.
Llegué puntual y me encontré con un círculo de madres sentadas en sillas o en el suelo, con sus bebés hermosisimos. Se presentó Jemina como responsable del grupo, me dio la bienvenida y me explicó la dinámica: cada madre se presentaba y explicaba su experiencia y, si se necesitaba ayuda personalizada de la asesora, a las 6,30 se ponían aparte para comentar los problemas de lactancia. Creo que me atendió la primera aquella tarde, porque en mi presentación debió ver que estaba bastante desesperada. Me explicó que, por los síntomas (pinchazos como de agujas entre tomas, dolor intenso, cesárea) podía tener una infección bacteriana. Por fin alguien le ponía nombre a lo que me pasaba!!! sólo eso ya me dio ánimos: si hay un problema, hay una solución. Será más largo o más breve solucionarlo, pero ya sabía lo que pasaba!. Además, tenía que mirar la posición al amamantar y la boca de P por si había un problema de frenillo, pero como aún no podía salir de casa, había cosas que tenía que ir haciendo yo sola mientras, tomar un probiótico para reforzar la flora bacteriana y estimular el pecho con sacaleches. La pauta para incrementar la producción era, cada dos horas de día y tres de noche, usar el sacaleches cinco minutos de cada pecho, durante tres veces, en total, media hora de extracción. Acumular la leche y dársela a P en biberones, con el biberón Calma (que ya tenía por recomendación de la comadrona) que interfiere menos la lactancia y conseguir así que mi producción fuera la suficiente como para eliminar, en primer lugar, la leche artificial. Después ya conseguiríamos la lactancia "directamente del envase original", pero en nuestro caso el tema del peso era muy delicado y no podía arriesgarme.
Recuerdo que, una vez expliqué lo que me pasaba, me preguntó "¿y tú qué quieres hacer?". Porque una asesora no te obliga ni te juzga si no quieres dar el pecho. Respeta tus opiniones y tu decisión. Si hubiera querido seguir con lactancia mixta, o destetar, me habría ayudado igual. Es una de las cosas que no sabía y que creo que es desconocida para la mayoría de madres. Una asesora está (o debería estar) para apoyar a las madres en sus decisiones. Por supuesto que se recomienda la lactancia materna porque es lo mejor para nuestros bebés, pero no son unas "talibanas" de la teta que consideren que eres peor madre o mujer si decides dejarlo. La lactancia debe ser un placer para la madre y el bebé, es mucho más que alimentar, es la creación de un vínculo que no puede explicarse en un momento ni en un blog. Además, hay mucha información y blogs sobre la lactancia para que me extienda en este punto. Una mamá bloguera ha expresado muy bien porqué amamanta a su bebé, y suscribo todas sus palabras, puedes leerlo aqui.
¿Y qué le contesté a Jemina entre lágrimas? Literalmente : " Yo quiero sacarme la teta...y ya está". Creo que no se podría resumir mejor: quería hacer como todas las madres del mundo, sacar el pecho, que mi bebé mamara y punto. Sin sacaleches, sin biberones, sin esterilizar nada, sin dolor.
Sus palabras "no te preocupes, que lo conseguirás" y el haber escuchado las experiencias de otras madres me animaron. Si ellas habían podido, yo también. Me avisó que la relactación es larga y dura, que no sería fácil, que me cansaría algunas veces y querría tirar la toalla. Pero que si era persistente, lo conseguiría. Y no, no es que yo sea persistente, es que soy más terca que una mula y cuanto más me dicen que es difícil, pues mira, más ganas le pongo. Estar hoy embarazada es otra prueba de mi terquedad, también lo explicaré más adelante. Así que al día siguiente empecé con la relactación. Y fue duro, muy duro, agotador y tardé un mes aproximadamente en conseguir suprimir todos los biberones, pero fue también muy gratificante. Como todas las cosas difíciles...


viernes, 8 de marzo de 2013

La lactancia de P (parte I)

Cuando estaba embarazada de P me informé mucho. Hice dos cursos de preparación al parto, uno en la Seguridad Social y otro en un centro que se llama "Escuela de Madres". Leí montones de libros y todas las páginas web que caían en mis manos. Sobre lactancia, la verdad es que sabía poco. Mi hermana tuvo muchos problemas y consiguió mantenerla sólo durante cuatro meses, después de pasar por dos mastitis que la llevaron al hospital de urgencias. Cuando me dijo que lo dejaba, que se sentía mal por ello, recuerdo que le dije que si le había dado los tres primeros meses ya había hecho lo más importante...qué poco sabía entonces de lactancia!.

En el curso de la Seguridad Social sólo nos enseñaron, con un muñeco, que el ombligo del bebé debía estar mirando hacia nosotros. Nos explicaron que la leche materna era lo mejor para el recién nacido y poco más. En el privado más de lo mismo, sólo que además nos enseñaron unas pezoneras de cera que servían para prevenir y curar las grietas. Luego he sabido que no sirven para mucho.

Bien, después del parto (que da para otra entrada) tardé tres horas en ver a mi niña. Me subieron a la habitación y allí la tenía su padre. Un paquetito perfectamente envuelto, sólo se le veía la carita y las manos. Era tan pequeñita! No me atrevía ni a cogerla, de hecho creo que tardé bastante rato en tenerla en brazos. Aún estaba temblando por la epidural, estaba chocada por cómo había ido todo y como nos habían dicho que no podía perder calor, no queríamos destaparla. Llevaba un gorrito hecho con una gasa de hospital con un nudo en la punta. Las manos se veían muy grandes y delgadas, los ojos hinchados y untados de crema y estaba dormida. Era emocionante ver cómo respiraba, como arrugaba el ceño, como estornudaba. Cada gesto que hacía nos parecía más increíble, era perfecta!. Pasamos toda la noche simplemente mirándola.

Llegué a la habitación sobre la una de la mañana. A las tres vino una enfermera con un pequeño biberón de cristal y nos dijo que intentara ponérmela al pecho y luego le diera "la ayudita", porque el pediatra había dicho que era tan pequeña que no podía permitirse perder nada de peso. Nació con 1,980 gr y si perdía tenía que ir a la incubadora. Con el problema añadido de que, si necesitaba incubadora se la llevarían a otro hospital porque tenían neonatos cerrado por culpa de un virus.

También le pincharían en el talón cada tres horas porque si había alguna anomalía también se la llevarían. Con el miedo en el cuerpo, de pensar que me separarían de ella nada más nacer y que no podría hacer nada, la puse en el pecho y luego bibe, que se lo dio su padre. Ahí me di cuenta de la diferencia entre las clases que nos habían dado y la cruda realidad. Se suponía que toda la areola o gran parte de ella tenía que entrar en su boquita. Pero su boca era minúscula y mis pezones enormes!!!. Además, se dormía enseguida, sólo cogía la punta del pezón y me dolía horrores. Tengo que decir que cada vez que tocaba pecho venía una enfermera o comadrona y me intentaba ayudar, pero lo máximo que hacían era lo que luego he llamado "técnica velcro": te cogían el pezón, acercaban la niña y decían "así, ves?" y yo no entendía nada. Bastante me costaba sostener a ese bebé tan pequeñito con una mano, coger el pecho con la otra, acercarla...me dolían los puntos, me dolía la espalda, tenía una contractura cervical horrorosa que no me dejaba ni moverme. Yo pensaba "vale, con una mano me cojo el pecho, con la otra le abro un poco el labio para que se agarre bien, ¿y con qué mano la sujeto?". A veces pensaba que quien ideó la diosa hindú Vishnú era una madre lactante primeriza.

Fueron unos días muy complicados. Por un lado estaba contenta porque no perdió peso, al contrario. Pero por otro me sentía muy mal porque estaba fracasando como madre. No había podido concebirla de forma natural, no había podido parir y ahora no podía amamantarla. Sólo la miraba y lloraba, y decía que era un desastre de madre, era tan pequeñita... Ni siquiera pude cambiarle los pañales los primeros días porque no me atrevía ni a bajar de la cama. Nunca vi el famoso "meconio". Suerte de mi compañero, que estuvo dándome apoyo moral todo el tiempo. Pero eso no me quitaba mi sensación de fracaso.

Para la contractura, las enfermeras me trajeron una bolsa de suero que calentaron en el microondas de su sala privada. Aliviaba un montón el dolor. Lo cierto es que no tuve ninguna queja de ellas, fueron todas cariñosas y comprensivas. Es una pena lo que está pasando con la Sanidad en este país, teniendo como tenemos gente tan formada y tan profesional, además de humana.

Una de las comadronas fue especialmente atenta. Se llama Carmen y es un encanto. Fue la que después vino a visitar a P durante las semanas que estuvo con ingreso domiciliario, y aunque me dio algunos consejos erróneos sobre la lactancia (como que tenía que tomar leche de almendras para producir más), lo cierto es que me apoyó moralmente, me animó a buscar un grupo de ayuda, y la última vez que la vi estaba haciendo el curso de asesora de lactancia de FEDALMA pagándoselo de su bolsillo. Así que no puedo quejarme de ella, todo lo contrario.

El viernes por la noche, tres noches después de nacer P, le pedí a mi hermana que se quedara conmigo por la noche para que J pudiera ir a casa, cuidar a los gatos y dormir una noche por lo menos, llevaba dos en un sillón y aunque no se quejaba (no se queja nunca, el pobre) ya hacía mala cara. Como no quería que mi hermana estuviera toda la noche levantándose del sillón, decidí ponerme la niña sobre mi pecho y dormir con ella así....fue la mejor ocurrencia de mi vida!!! No sabría explicarlo, pero creo que aquella noche conecté de una forma especial con ella. La sentía respirar, sentía su calor, fue increíble! Sólo se que al día siguiente me levanté de la cama, me duché, la cambié de ropa, me llenó de energía. La próxima vez que sea madre voy a hacerlo desde la primera noche, no creo que llegue a usar la cunita demasiado. Luego supe que el contacto continuo es lo mejor tanto para madres como para bebés, sobretodo los primeros días. Y lo descubrí sola!

Así pasaron los cinco días que estuvimos en el hospital, dia y noche, cada tres horas. La niña dormía prácticamente todo el tiempo. Sólo hubo una vez en la que lloró y la enfermera comentó que había que aumentar la dosis de bibe porque seguramente se quedaba con hambre, y eso hicieron.

Y llegamos a casa. Dolorida por la cesárea, defraudada con la lactancia, derrotada, pero feliz. Era una tormenta de sensaciones y sentimientos, igual estaba en una nube de felicidad que rompía a llorar. Este fue el principio, pero lo mejor vino después...