jueves, 25 de abril de 2013

LA LACTANCIA DE P. (PARTE III Y ULTIMA)

Y empezamos la relactación propiamente dicha. Los probióticos, por desgracia, no me hicieron nada. Pero nada de nada, ni siquiera por efecto placebo. Cuando llevaba tres semanas tomándolos, le pregunté a Jemina cuándo me iban a hacer algo de efecto. Me comentó que era lento, pero que a esas alturas ya debería notar alivio.

Fui al ginecólogo, porque me tocaba la revisión después de la cuarentena y para que me recetara antibióticos, y la visita fue surrealista. Sobre la infección me dijo que si no tenía fiebre, era imposible que tuviera. Que amamantar siempre duele (?), que si le había dado el pecho el primer mes ya le había pasado todas las defensas y que si le quería dar más, yo misma, pero que a partir de los tres meses era "malcriar". Me quedé tan de piedra que ni le contesté. Más tarde pensé en hacer una carta incluyendo esta información , expresando mi queja y las recomendaciones de la OMS y la Asociación Española de Pediatría sobre la lactancia materna los dos primeros años de vida de los niños. Pero la verdad es que lo fui dejando, aunque redacté la carta en mi cabeza varias veces.

También fui a la Seguridad Social para que una comadrona me hiciera la misma revisión postparto y comentarle el tema de la infección. No me sirvió de nada tampoco, excepto que me recetó Cerazet como anticonceptivo compatible con la lactancia.

Asi que decidí automedicarme. Es algo que no debería hacerse nunca, pero estaba desesperada. Leí toda la información sobre el tema y encontré el nombre del antibiótico que servía para estos casos, y afortunadamente, en un par de semanas prácticamente no me dolía. No se fue del todo, tuve que tomar el otro antibiótico que se recomienda durante un mes hasta que conseguí la lactancia indolora completamente. Eso fue un sueño. Recuerdo que el primer día que noté que no me dolía nada en absoluto, estaba como en una nube. Todo el tiempo ofreciéndole el pecho a la niña, aunque ella no reclamara nada.

En cuanto a mi historia de amor con el sacaleches...madre mía, fue digna de un culebrón de esos de "amor-odio". Gracias a él pude llegar a producir toda la leche que tomaba mi niña, pero le cogí una manía enorme. Desde el primer día cogí una libreta y fui anotando, como en un diario, todo lo que hacía. Por ejemplo, aqui hay unas notas de los primeros días:

14:45 Pruebo pecho, sólo coge 5 minutos, LM en bibe 50 cl. Se duerme
16:00 Extracción: 30cl.
16:30 Pecho (no quiere) Leche fómula: 60 cl.
17:30 Extracción: 30 cl.
18:30 Extracción: 20 cl.
20:30 Pecho (media hora) muy bien!!!!!!!!!!!!

Al final del día, están las sumas : Leche artificial: 240 ml. Leche extraída: 220 ml.

Cada día iba sumando, la leche materna iba subiendo y la artificial, menguando, con sus altibajos, eso si, que no era matemático. Pero la tendencia era esa.
y asi más de un mes...ahora, al revisarlo, veo que todo fue un poco anárquico. No seguía ninguna pauta horaria exacta, iba improvisando. Además, coincidió por enmedio con las fiestas de Navidad, así que iba con mi bolsa en la mano, con el sacaleches, la leche de fórmula, los biberones, mi libreta, la medicación que tomaba (antibióticos y analgésicos). Se juntaban los días y las noches. Cuando no estaba dando el pecho, estaba sacando leche, tomando medicación, lavando los cacharros, esterilizando, cambiando de ropa a la niña, y volviendo a empezar. Tuve suerte de que J. (mi pareja) estuviera conmigo los dos primeros meses, porque si no, no sé qué hubier.a hecho.

También fuimos al cirujano pediátrico para cortar el frenillo tipo 4 que tenía P. Bueno, no se podía cortar del todo, porque este tipo de frenillo necesita operarse con anestesia total, pero sí le hicieron un corte paliativo y noté mejoría en la misma consulta del cirujano. Estaba muy asustada, pero la verdad es que es un segundo y prácticamente no lloró. Ponerle los pendientes fue mucho más dramático, si lo llego a saber no hubiera cedido.
Al principio pensaba que estaba metida en un túnel sin salida. No hacía más que pensar en que estaba agotada, que prefería mil veces parir otra vez, por doloroso que fuera, que lo que estaba pasando para dar el pecho. Además, la mayoría de comentarios de mi entorno eran de lo más desalentador "Buf, anda que iba yo a aguantar lo que tú aguantas, biberón y punto. Si se crían igual!!!". Otras veces eran comentarios dirigidos a la niña: "Dile a mamá que te de leche de verdad y no eso", refiriéndose a mi pecho como "eso". "La verdad es que son ganas de sufrir" "Pues yo tengo una amiga que ha dejado la teta y está la mar de feliz, ahora está disfrutando de verdad de ser madre".
La mayoría de los comentarios, por no decir todos, estaban hechos con buena intención. Pero cuando acabas de parir , cuando además el parto ha sido tan traumático como lo fue el mío, cuando tienes las hormonas dando fiestas por tu cuerpo, estás agotada, dolorida, y sin dormir, se te clavan como puñales y no, no puedes olvidarlos por mucho que quieras.

La parte buena es que te insensibilizas con el tiempo, ya se sabe: "lo que no te mata te hace más fuerte" y eso me ha ayudado a no prestar atención a los siguientes. Porque los consejos no pedidos y las críticas siguen durante toooodo el tiempo. Si duermes con ellos, si no lo haces, si van en brazos, si van en el coche, si están muy abrigados o poco, si lloran, si van a la guardería, si no van...hagas lo que hagas, ser madre te coloca un cartel en la frente que invita a todos a opinar. Pero no hablo del consejo que se da con buena intención y UNA SOLA VEZ. No. Me refiero al consejo que te dan una y otra vez, que te repiten cada día y que intentan decirlo de diferentes formas, delante de gente distinta. Como si fueras tonta, o sorda, o un poco de cada y no lo hubieras oido a la primera. Seguro que las madres me entendéis. Lo único que funciona, según mi experiencia es:


1- Asentir con una sonrisa y dar la explicación pertinente (sólo si es la primera vez que te lo dicen)
2- Asentir con una sonrisa y cambiar de tema.
3- Asentir con una sonrisa y no hacer absolutamente nada. Pero nada de nada. Se hace un silencio incómodo. Sigues sonriendo, como si fueras sueca, o sorda. O las dos cosas. Es muy divertido, probadlo :-)

Bueno, pues al cabo de un mes y medio, aproximadamente, la cantidad de leche que me extraía era suficiente para todos los biberones que se tomaba P. Así que decidí dejar de una vez por todas el biberón y el sacaleches. Para entonces se suponía que ya producía toda la cantidad necesaria, lo único que había que hacer es ponerla al pecho todo el tiempo que estuviera despierta. Decidí hacerlo un lunes. Planifiqué la semana para no tener nada que hacer aparte de tener la niña en el pecho, compré comida precocinada y llené el congelador. Aquella semana subió muy poco de peso (40 gr.) pero no perdió. Así que seguimos, poco a poco las tomas eran más efectivas, se dormía después de comer! También se acabaron los cólicos, que siempre eran por la tarde, siempre coincidían con las visitas, y siempre hacían que alguien soltara la frasecita "esta niña ¿no será que tiene hambre?". También fue cuando comencé a utilizar el fular y a portear prácticamente todo el día. Empecé a disfrutar de verdad de ser madre a partir de entonces. Pero los inicios fueron duros, muy duros. Espero que la experiencia me sirva para disfrutar a M. desde el primer minuto de vida. En la maleta del hospital voy a ir con todo el "kit de supervivencia para problemas de lactancia", a saber: sacaleches, jeringa, biberón calma, vasito, pezoneras. Y bandolera. Por si acaso.

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