miércoles, 25 de septiembre de 2013

De Quijotes y Sanchos

Hoy hemos tenido reunión del grupo de apoyo a la lactancia de Alba, donde estoy haciendo las prácticas para ser Asesora. Hoy he vuelto a llorar con dos madres cuando relataban sus partos, cesáreas in-necesárias y lactancias con dificultades, protocolos absurdos con separaciones injustificadas de recién nacidos de sus madres. Cada vez que escucho relatos de mujeres a las que les han robado sus partos, las primeras horas con sus bebés y les han puesto tantas trabas para tener una lactancia placentera, como deberían ser todas las lactancias, se me remueven muchas cosas por dentro. Recuerdo tu parto, P., que aunque fue una cesárea necesaria, no fue respetuoso y nos separaron tres largas horas. Durante algunos minutos que se me hicieron eternos, pensé que te había perdido. Aún no he sido capaz de hacer la entrada que relate todo lo que sentí, porque sigue siendo muy doloroso.

Así que, como tenéis una madre que es más Quijote que Sancho, os pido perdón por las horas que os robo para formarme como asesora, pero necesito luchar contra esos gigantes que son los protocolos absurdos y los malos profesionales que tanto daño hacen cada día a las madres. Porque Eduardo Galeano dice que  "Muchas personas pequeñas, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas pueden cambiar al mundo" . Y yo lo creo firmemente. Y espero que cuando vosotras seáis madres algún día no necesitéis plan de parto para que os respeten a vosotras y a vuestros hijos, y no tengáis que acudir a ningún grupo de apoyo a la lactancia llorando para explicar cómo os robaron algo tan básico como parir a vuestros hijos y amamantarlos con placer.


martes, 17 de septiembre de 2013

De inne-cesáreas y otras injusticias

Reconozco que hago esta entrada desde la más profunda indignación.

No voy a hablar de porqué es grave realizar una cesárea a una mujer sin necesidad. Ni de los perjuicios que tendrá para esa mujer en el inmediato post-parto y en el futuro, en la lactancia y en su estado de ánimo. Que se sentirá enferma, que no disfrutará de su maternidad y del vínculo como ella se merece, que tendrá muy probablemente dificultades con la lactancia. Que no podrá reir ni toser sin miedo a partirse por la mitad, que los primeros pañales de su hijo los tendrá que cambiar otra persona. Que estará cansada, dolorida, deprimida. Todo eso pasa, yo me recuperé muy bien de mi cesárea y superé las dificultades con la lactancia, como ya he explicado en otro post. Por cierto, mi cesárea fue necesária y en el mismo hospital he podido parir vaginalmente a mi segunda hija habiendo sólo 19 meses de diferencia entre parto y parto.

Quien quiera saber más sobre el tema tiene a su disposición páginas maravillosas como "El parto es nuestro" o "Donallum" en catalán. Quien quiera información sobre cesáreas, la red está llena de ella, de los efectos secundarios para la madre aqui, por ejemplo, y aqui sobre los perjuicios para el bebé.

Lo que realmente me indigna, lo que me saca de quicio, es que haya tanta diferencia entre acudir a una clínica privada o a una pública. Yo, que tengo Mútua, no he querido parir ninguna de las dos veces en una clínica privada. Porque el índice de cesáreas en las clínicas es altísimo. De hecho, en este segundo parto estuve dudando porque el ginecólogo que me hacía el seguimiento es muy respetuoso con los partos naturales, incluso ha asistido a partos en casa porque reconocía que, mientras estudiaba la carrera,  no presenciaban ningún parto normal, y eso los lleva a considerar casi todos los problemas como patológicos e intervenir. Al final parí en un hospital público. Cuando se lo expliqué en la visita de después de la cuarentena, y le pregunté directamente "si hubiera ido a tu clínica, ¿habría podido parir vaginalmente con cesárea previa después de 20 horas de parto?" me confesó que no, que los protocolos indicaban una cesárea mucho antes.

¿Protocolos? ¿Pueden unos estúpidos protocolos decidir sobre mi cuerpo y el de mi hija si no es una cuestión de salud?. Cada semana prácticamente veo madres que acaban de parir, o que lo han hecho hace muy poco. Si la maternidad ya es difícil per se los primeros meses, cuando te han practicado una innecesárea lo es muchísimo más. Si a esas mismas madres las intentas avisar antes del parto de que estudien el tema, que lean mucho, que se informen, que realicen su plan de parto, que decidan cómo y dónde quieren parir con todos los datos científicos en la mano, te encuentras con que muchas veces te dicen "yo confío en los médicos, que ellos sabrán lo que es mejor". Pues no, lamentáblemente no van a hacer muchas veces lo que sea mejor para tí, sino lo que sea mejor para ellos, para la clínica donde trabajan, o sencillamente, lo que les sea más cómodo. He oido excusas peregrinas para realizar cesáreas: el niño era muy grande ( y luego ha tenido un peso la mar de normal), el niño era muy pequeño (idem, luego el peso era normal, también), tenía una vuelta (o dos, o tres) de cordón, el cordón estaba muy "enredado" (como si fuera una madeja de lana, dios mio!!!), y casi todas, por no decir todas, en clínicas privadas.

A todos aquellos ginecólogos que practicaran cesáreas sin una justificación médica seria los penaría con cárcel. Asi, sin más. Y los dejaría sin ejercer un tiempo, para que se reciclen y aprendan un poquito. Porque una cesárea es una agresión a la integridad física de la mujer y del niño, porque puede tener graves consecuencias en la salud de ambos en el futuro, porque es una violación del juramento hipocrático.  Y las clínicas que lo consienten deberían pagar indemnizaciones millonarias a esas familias.

Y las que estáis embarazadas, por favor, empoderáos, no pongáis vuestras vidas y la de . vuestros  hijos en manos de cualquiera que tenga un título de medicina. Por desgracia, con el título no les dan la ética necesaria para ejercer. No vayáis al parto como ovejas al matadero, pelead por lo que queréis para vosotras y para vuestro parto. El parto es VUESTRO. Es natural, es animal, es vuestra vida.

Y que conste que no apoyo ningún tipo de parto en concreto. En mi segundo parto pedí la epidural porque no soportaba el dolor y me alegro, disfruté del parto. Para otra mujer será preferible un parto en casa, otra acudirá a una casa de partos, otras tendrán que pasar por una cesárea que salvará su vida o la de su hijo. Cada mujer es distinta y cada parto también. Pero ponerse mansamente en las manos de otro es muy arriesgado.

Informáos, por favor. Hoy se me han saltado las lágrimas porque a una amiga a la que aprecio (y que me da mucha ternura, como una hermana pequeña) le han hecho una innecesárea en una clínica privada. Ella no quiso leer, no quiso informarse, confiaba en su médico y en la clínica. Y le han fallado. Y me tengo que morder la lengua, animarla y ayudarla si puedo con la lactancia que ya ha empezado mal. La rabia me puede, pero ya no puedo hacer nada más.

No quiero terminar sin felicitar al equipo de ginecólogos, comadronas, enfermeras y todo el personal del Hospital de Sant Pau donde han nacido mis dos hijas. En los dos casos fueron respetuosos, la cesárea fue necesaria y el parto vaginal una maravilla. Gracias, porque gracias a vosotros se que hay otras formas de ejercer la medicina y hay esperanza.

lunes, 16 de septiembre de 2013

La noche más larga

Mientras estaba embarazada de M. tenía un miedo que ahora considero estúpido: miedo a no quererla tanto como quería ya a P., su hermana mayor. Al final, dejé de pensar en ello y decidí confiar en la naturaleza, en las hormonas y en mi instinto.
Pero la vida tiene sus planes, y te da las lecciones que necesitas en cada momento. Cuando M. tenía 10 días de nacida pasó un día muy malo. Sólo lloraba y sólo podía calmarla estando en mis brazos, y era extraño porque hasta entonces era una nena que sólo comía y dormía. Por la tarde yo ya estaba preocupada, así que llamé al ambulatorio de la Seguridad Social y me dieron hora para esa misma tarde.
La pediatra le puso el termómetro y vio que estaba a 37,5. Además me comentó que su instinto le decía que había algo más, me tuvo tres horas en la sala de espera para ver cómo evolucionaba y, finalmente, nos derivó a Can Ruti, a urgencias.
El protocolo, cuando un bebé es tan pequeño y tiene fiebre, es hacer una batería de pruebas (análisis de orina, de sangre, punción lumbar etc.). Así que me fui con la peque y mi suegro a Urgencias.
No se cómo explicar lo que sentí mientras me hacían salir del box y entraban médicos y enfermeras, con todo el instrumental, para hacer la punción lumbar, sacarle sangre, recoger una muestra de orina directamente de la vejiga. Me quedé en la puerta del box, aunque me habían dicho que me fuera a la sala de espera. No podía moverme, y lo único que podía hacer es llorar mientras escuchaba cómo M.lloraba dentro por todo lo que le estaban haciendo. Tenía ganas de entrar y liarme a tortas con todo el mundo. Mi cerebro sabía que lo que estaban haciendo era lo correcto, que los riesgos de una infección en un bebé tan pequeño son muy graves. Pero era algo animal, superior a mi.
Estuvieron una hora dentro. Una hora que se me hizo eterna, miraba el reloj continuamente, no pasaban los minutos. Después, a eso de las 3 o las 4 de la madrugada, nos subieron a una habitación.
M. llevaba puesta una vía y le estuvieron poniendo una combinación de antibióticos durante 4 días, mientras el laboratorio hacía los cultivos e intentaba averiguar el origen de la fiebre.
No me separé de ella más que un par de horas al día. Me duchaba en casa de los abuelos, comía algo, dormía una hora más o menos y de vuelta al hospital.
Papá tenía que cuidar de P., intentar que notara lo menos posible que yo no estaba. Aún así, estaba todas las horas posibles en el hospital, relevándome para que pudiera ir al baño, comer, o acercarme a la máquina del café para tomarme uno. Los abuelos estuvieron también al pie del cañón, cuidando de P. y viniendo al hospital.
El quinto día nos pudimos ir a casa. No supieron nunca el motivo de la fiebre, apareció algo de infección en la orina pero parecía muy leve para haberla provocado.
La lección que aprendí es que sí se quiere al segundo hijo tanto como al primero. Cuando eres madre crees que nada puede superar o siquiera igualar lo que sientes por tu hijo. Pero la magia está en que sí, que por otro hijo vuelves a sentir exactamente la misma emoción, la misma conexión y el mismo instinto. Es más, te vuelcas en el que en ese momento más te necesita, aunque eché de menos terriblemente a P. Sólo la veía un ratito cada día, y no podía dejar de abrazarla y comérmela a besos. Y ella sólo pedía su "teta". En esos días me alegré de hacer tandem, aunque está siendo muy duro (ya lo explicaré en otra entrada).
Muchas veces había leido a otras madres que decian que sus hijos eran sus maestros. Ahora entiendo perfectamente la expresión, mis hijas son mis maestras, las mejores que podría tener. Sigo aprendiendo y desaprendiendo.