martes, 8 de julio de 2014

Pequeña Maria....



Un año.
El sábado próximo haces un año.  Un año de sonrisas, de risas, de besos, de abrazos, de carcajadas. De acurrucarte junto a mi para dormir. Si hay una palabra que defina nuestra relación es “fácil”. Porque contigo todo ha sido fácil, fue desear que vinieras y viniste enseguida, te colaste en mi vientre de puntillas. Sólo noté las náuseas (malditas náuseas) que también tuve en el embarazo de tu hermana, y un dolor persistente al amamantar. Ni siquiera cuando el artilugio que compré en la farmacia dijo “embarazada” podía creerlo…había sido tan fácil!!!!

Después te vi en la consulta de aquella ginecóloga (de cuyo nombre no quiero acordarme) y ya me quedé prendada de ti. Yo, que pensaba que no podía sentirse la misma emoción con el segundo hijo que con el primero, viniste a enseñarme que sí.

Quise tener un parto en casa contigo, pero me pudo el miedo y la economía. Pero daba igual, porque tu parto también fue fácil, un parto vaginal respetado, sencillo y tan emocionante que oí a tu padre gritar una palabrota cuando saliste de mi. Y eso que nunca dice palabrotas!

Después, en la misma sala de partos te enganchaste a mi pecho, perfectamente, sin nada de dolor. Seguía siendo fácil. Fuiste un bebé de manual: mamar y dormir. Nos diste tregua para que tu hermana, que sólo tenía 19 meses, asumiera que a partir de entonces seríais dos en casa, en nuestra cama y en nuestros corazones.

Eso sí, desde que empezaste a gatear nos has demostrado que puedes ser tan “tremenda” como ella, no paras quieta, nos persigues, exiges tus mimos y atención. Como tiene que ser. 

La pequeña María que vino a enseñarme que era capaz de ser madre por mí misma, que era capaz de amamantar y de parir. No hace falta que te lo diga, no? Te quiero, pequeña.

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